Las Urbanizaciones que van en picada
Venezuela ⁄ "¿Sabes
por qué no hay carteles de 'se vende'? Porque todo el mundo vendió,
esto fue una estampida". Desde la deteriorada Terrazas de Las Acacias,
Reny Agustín habla de una urbanización que era un ejemplo de
tranquilidad y buen vivir allá por mediados de los sesenta, cuando él
empezó a vivir allí.
Si bien toda Caracas viene sufriendo una decadencia constante desde hace
más de 20 años, existen zonas en las que la caída en la calidad de vida
se siente de manera más acentuada.
Hoy quizá parezca un chiste, pero los bloques de Simón Rodríguez fueron
levantados en 1957 bajo la consigna "la ciudad del futuro: cada bloque
tenía un parque, abastos, estacionamiento (un lujo para la época) y
todos los servicios, y la urbanización una iglesia, una piscina
semiolímpica y hasta un cine-teatro. Este último fue tomado por la PTJ
hace más de veinte años, la piscina semiolímpica es un foso inservible,
los estacionamientos parecen un taller mecánico, sus alrededores un
basurero y todas las aceras frente a la urbanización son tomadas cada
día para parar carros que van al teleférico. Algo parecido y tal vez más
acentuado sucedió con la urbanización Casalta I, también diseñada por
Carlos Raúl Villanueva y hoy atravesada por aguas negras en todas sus
calles: "Es una vergüenza que hayan dejado que esto decayera hasta este
punto. Pensar lo que era esto y lo que es hoy da pena", dice Carlos
González.
En Colinas de Vista Alegre, un conjunto exclusivo diseñado para
militares en 1960, el declive tiene unos veinte años, según relata Alma
Clara Mederico, y se constata en todos los colectores reventados, en la
mala vialidad y en el hecho de que cuentan con dos parques (Jesús Berra y
Monagas) que están tomados y ni siquiera los propios vecinos pueden
utilizar.
Para muchas urbanizaciones de El Paraíso la decadencia es mucho más
reciente, pues data de cuando empezaron a proliferar las invasiones en
la Cota 905, hace unos cinco años. Juana Falcón, en Terrazas del
Paraíso, relata que cuando ella compró allí en 1992 tenía una hermosa
vista al parque recreacional Vicente Emilio Sojo. Hoy tiene un
gigantesco rancherío a menos de veinte metros de su apartamento.
Para Miriam Moreno, integrante del consejo comunal de Lomas del Ávila,
toda la atención de las autoridades se ha desviado a los barrios que los
rodean. Así, el abandono le robó el encanto a cada rincón de Palo
Verde: camiones pesados rodando en sus calles, pobre iluminación y
cuidado del ornato, una inmensa falla de borde, inseguridad y vías
precarias, son la cotidianidad.
En la urbanización Miranda, cuenta Alexis Sosa, los barrios han
asfixiado el acceso. Cuenta que cuando llegó a vivir allí, hace más 25
años, algunos caminos eran todavía de tierra y sí, había barrios cerca,
pero también respeto: "Los bochinches son inaguantables los fines de
semana, se roban la luz de los postes hasta que los dañan y cada vez que
entramos o salimos tenemos que pasar por un basurero. ¿Cómo controlamos
los vecinos el crecimiento descontrolado de los barrios?".
Carlos Agostini, de la asociación de vecinos de El Marqués Norte,
asegura que las rejas y cercas eléctricas en las casas son la muestra de
la transformación que ha sufrido la urbanización. Le parecen demasiado
distantes esos 27 años cuando él se mudó y sus amigos le decían "qué
envidia".
Con 40 años en Macaracuay, Marlene Insigmaro, afirma que en los últimos
años se siente "sitiada" por el hampa. ya nadie sale a caminar después
de las 6 de la tarde y en 2012, por primera vez en tres años, no habrá
Paradura del Niño.
Las zonas marginales se extendieron de tal manera que asfixiaron a las
urbanizaciones. La esperanza de que vuelvan a ser lo que fueron ata a
quienes pueden irse y no lo han hecho.
Fuente: El Universal
Fecha: 18-01-2012